Entrevista al actor Jorge Luis Lugo por sus 25 años de vida artística y 10 del unipersonal Lienzo de una mujer que espera.

Crear, dirigir y actuar en un solo papel

Tomado de Guerrillero

Por Anelys Alberto Peña

Seguir “palante” es una norma cubana por excelencia. Se encuentra en los mercados con colas, las placitas sin viandas, las paradas con guaguas fantasmas y también se escuchó el pasado fin de semana en el teatro José Jacinto Milanés.
Lo dijo Esperanza Águila del Llano (Perancita), personaje que da vida el actor y director de Teatro Rumbo Jorge Luis Lugo, quien celebra sus 25 años de trayectoria artística y 10 del unipersonal Lienzo de una mujer que espera, nombre de la obra protagonizada por Perancita.
Un público generacionalmente heterogéneo presenció la desesperación y las frustraciones de una mujer que sufre las carencias y pesares del periodo especial. Más allá de las situaciones, con la interpretación el histrión pinareño presenta una multitud de emociones, inherentes a cada cubano sin distinción de edades.
La puesta en escena manifiesta años de estudio, anticipación de cada paso y sonido. Como sucede habitualmente con Lugo, parece que detrás de su performance hasta el clima medió en las ironías, las palabras o los movimientos. Esas son señales de toda una vida consagrada a la actuación.
¿Cuáles fueron sus inicios en el teatro?
“Desde que empecé a estudiar en la primaria, aquí en Pinar del Río, recitaba y hacía los pininos esos que le entran a uno. Incluso inventé una obra de teatro y continué como aficionado hasta que llegué a la Universidad de Pinar del Río (UPR).
“Soy ingeniero agrónomo y mientras estudiaba fui parte del grupo de teatro de la UPR que dirigía el escritor y profesor Luis Figueroa y con actores como Miranda y Emilio Marín. Pasé cursos, talleres, encuentros… de todo lo que aparecía en relación al teatro.
“Me gradué y ejercí durante los cinco años de servicio social en el central José Martí de San Cristóbal. Pasé allí cinco años montando caballos al mismo tiempo que me inserté en el grupo de Víctor de Armas en ese municipio.
“En el quinto año me entero que aquí iban a abrir plazas en el grupo dramático. De 12 que nos presentamos quedé yo y a finales del 92 entro al grupo como aficionado, sin evaluación. Hasta que me evalúo en el 94 y me dan primer nivel. Ese año comencé como director de Rumbo hasta la fecha”.
Tras varios años de experiencia Lugo logra en las obras vincular la dirección general, artística y actuar a la vez. ¿Cómo combina los roles como director y actor?
“Eso es divertido, yo le digo a los muchachos que tengo ahora -jóvenes en su mayoría- que nunca se termina, porque siempre se aprende y con ellos a mí me pasa.
“Es una triple acción: como director general superviso, oriento…; en la dirección artística armo el muñeco, o sea me dedico más a la creación; y como actor tengo que seguir porque es lo que me gusta y hago desde chiquitico”.
¿Por qué darles la oportunidad y confianza a jóvenes en Rumbo?
“Sería un egoísmo de mi parte y de parte de cualquier dirigente no hacerlo. Por ley de la vida se va retrocediendo, en calidad u otra cosa; entonces los jóvenes están ahí, son los que siguen.
“Para mí es genial trabajar con ellos. Por ejemplo, con Casting, una obra que se estrena el 22 y 23 próximos, ellos la montaron y después me llamaron. Les hice la asistencia de dirección porque me encanta dirigir actores, o sea decirles ahora aquí respira, aguanta, piensa y mira lo que estás diciendo. El público no se va aburrir mientras haya un pensamiento lógico en ti”.
Lienzo de una mujer que espera cumple 10 años. Se presenta con un público nuevo de contextos distintos y, a la vez hay otra sección que repite. ¿Cómo concibió un personaje tan versátil?
“La obra cumple 10 años desde que se hizo su dramaturgia; pero desde el 2002 empecé con este personaje, improvisando. Después hilvané todas esas improvisaciones y creé un texto, el cual acepta las actualizaciones que le hago.
“Yo doy una historia de los ´90, de esta vieja en pleno periodo especial pero que sigue viva en el 2017 por los textos actuales que pongo para refrescar”.
Y se crea así…
“A veces me quedo callado pero estoy pensando lo que voy a decir. Esto es ficción: te aprendes un texto y lo estudias hasta seis meses antes como el caso de Esperanza Águila del Llano.
“A la hora de bailar yo soy un patón y estuve dos meses con una bailarina de Rumayor, diciéndome pon la mano así, mueve aquí... También tuve en cuenta el texto junto al movimiento en algo que se llama guion para la puesta en escena.
“Me sentaba en un lugar y decía aquí van los textos tal, tal y tal. Es mecánico y ya después tú lo vas haciendo tuyo, hasta que te lo crees y te diviertes con lo que haces. No importa si es un drama, un melodrama, una farsa o un absurdo; si se pasa bien, la digieres y la gozas el público se divierte y asimila la obra”.
Así Perancita ha estado en otras ciudades del país y los auditorios rieron igual porque la realidad de esa cubana es tan común como el maní que pregona. También en Miami, España y México sus tacones dejaron un sabor criollo de desdichas marcadas por la emigración y las carencias.
A la par, sus ansias de “luchar” son evidentes en ella y en su intérprete, que junto a Rumbo sigue “palante” con Casting y una nueva versión de Medea.